miércoles, 10 de noviembre de 2010

Una tarde en Manchita






Una tarde en Manchita

Por Juan Rodríguez Pastor

El fuerte viento y el aguacero de una tarde otoñal acompañaron nuestra llegada a Manchita. En la Biblioteca nos estaban esperando Fernando (el gestor cultural), Mari Carmen y Natalia (las bibliotecarias).

Poco a poco fueron llegando los “manchiteros”. Uno de los primeros debates que surgieron fue si los de Manchita se llaman así, “manchiteros”, o “manchegos”, como era habitual antiguamente. No llegamos a ninguna conclusión, lo que nos demuestra que los materiales de la tradición oral están vivos, no son inmutables.

Antes, Daniela nos contó otra versión del cuento “Pilongos y castañas”; y su hermano Andrés nos recitó unos versos del romance de ciego “El crimen de Don Benito: Inés María y su madre / iban a misa mayor, / y en la mitá del camino / con don Carlos se encontró. / Don Carlos le ha dao un beso; / ella le ha dao una guantá. / –Esa guantá que me has dao / me la tienes que pagar...

Entonces, Daniela preguntó a su hermano que a quién había oído ese cantar. Y Andrés respondíó que se lo había oído mayormente a ella. Asi que yo pregunté a Daniela que dónde lo había aprendido ella; y esta fue su respuesta:

–Pues, pa que vea usté, se lo voy a decir como es. Yo era más jovencilla... Íbamos a coger acitunas y si una se liaba a cantar el romance de Inés María, pues ya las otras se lo iban cogiendo...

No faltaron otros dictados tópicos. Francisca nos contó que, cuando iban a Guareña, les decían: ¡Qué casualidad!, cuando venías por la alberca quitamos la mesa, para no invitarles a comer. Y Daniela nos contó este otro: Valdetorres, pincha a la burra, verás cómo corre.

Después todos disfrutamos viendo cómo aprobábamos con nota el examen sobre el folklore infantil: “Antonio, retoño”, “Cigueña malagueña”, “Pim pim salamacatín”, “De codín de codán”, etc.

Mercedes nos contó varios falsos cuentos, como “El cuento del barrilín” y este otro: El cuento de pan y pimiento, hice un hoyito y me cagué dentro.

Mercedes, Daniela y María contaron muchos acertijos. De algunos adiviné la solución, con el aplauso general; pero otros no los había oído nunca (¡y eso que he recogido casi mil!) y tuve que rendirme: Un caballero de Fuenteovejuna, / ¿cuál es el ave que vuela, / que no tiene pluma, / que pica y aprieta / y cría a sus hijos / sin darles la teta?

María nos hizo reír en varias ocasiones, salpicando la charla con abundantes dichos, como este: Un cazador cazando / ha matado un ciervo, / y a su casa llevó / solo los cuernos. / Y la mujer le dice: / –Anda, ignorante, / con los que yo te pongo / tienes bastante.

Amparo, Mercedes y María nos contaron trabalenguas; M.ª Ángeles nos contó oraciones como la de san Antonio y la de las ánimas benditas; Francisca nos contó una historia que le contaba su maestra, doña María Sánchez, sobre la culebra que mamaba a una mujer…

Tantas eran las cosas que todos querían contar que, al final, apenas tuvimos tiempo para narrar un par de cuentos. Así que Jacinta y yo nos marchamos muy satisfechos por esta tarde tam animada que nos proporcionaron los “manchiteros”, pero, a la vez, un poco tristes, porque con Manchita se cierran estos “Caminos de Tinta y Papel”, una, para nosotros, más que gratificante Campaña de Animación a la Lectura y a la Escritura.


Juan Rodríguez Pastor es Doctor en Filología Hispánica y profesor de Instituto.
Desde 2008 participa en la campaña Caminos de Tinta y Papel.


jueves, 28 de octubre de 2010

Una tarde en Valdetorres, por Juan Rodríguez Pastor






VALDETORRES


Llegamos a Valdetorres el 25 de octubre, en una tarde soleada. Antes, gozamos viendo ya las primeras grullas, a centenares, en los arrozales cercanos a Obando, al comienzo de las Vegas Altas. Hicimos una nueva parada en el Castillo de la Encomienda, y esta vez sí tuvimos la suerte de hablar con uno de los primeros colonos de este pequeño poblado.

En Valdetorres nuestra sorpresa fue encontrarnos a Anabel, la concejala. Fue mi alumna hace más de veinte años en un Instituto de Don Benito. Anabel recordaba que recogió un cuento, el de “La Cervatilla”, a su abuela Pilar. La abuela murió hace años y Anabel no sabía qué fue de su cuento. Como yo guardo una copia, quedé en mandárselo, y otro, titulado “Periquita y Periquito”.

En aquel lejano curso, otras dos alumnas de Valdetorres, Maite y Manoli, recogieron cuentos. Algunos eran muy buenos y les pedí que intentaran grabarlos; así fue como, gracias a estas buenas alumnas, hoy, en casi todos mis libros de cuentos, hay alguno de Valdetorres.

A mi hija María, de pequeña, le encantaba el de “Blancaflor, la hija del Demonio”. Otro, también maravilloso, el de “La Desgracia y la Fortuna” suelo contarlo en casi todas las charlas. Me hubiera gustado mucho saludar a su excelente narrador, Juan Álvarez, pero desgraciadamente ya ha fallecido.

Metidos ya en nuestra charla, tuvimos otra sorpresa: había casi tantos hombres como mujeres. Incluso el alcalde, Roberto, tuvo la amabilidad de acompañarnos. Paco, que nació en Monesterio, contó cómo le extrañaban algunas expresiones de Valdetorres, como no me vaga, para indicar que no se tenía tiempo. Nunca había oído esa expresión; pero, en Monesterio también usan palabras diferentes, como algofifa (trapo de fregar) o farrondón (que en Valdetorres llaman pitera, una zona de la pared que está descascarillada).

Guareña, por estar cercana, es la localidad que más aparece en los dictados tópicos de Valdetorres, y no demasiado bien, porque se les tacha de atravesaos, de malos (De Guareña, ni el aire que venga).

M.ª Carmen nos contó una rima infantil (Digodín, digodán / de la vera de San Juan…) y Eloy se apresuró a jugarlo con Felipe, con otra versión semejante (De codín, de codán…). Anabel nos recordó otra rima (Pim, pin, salamacatín, / vino la pollita con su sabanita…) y Paco recordó otra de su pueblo (Pimpirigaña, / juguemos a las cañas, / los perritos en el monte…)

Perpe nos contó un acertijo de la campana (Una vieja tonta y loca, / con las tripas en la boca, / llama gente y alborota), Eloy nos dijo un trabalenguas que cuenta a sus nietas y estas no saben repetir (Río abajo van cuatro tablas mal intirivincuntuladas…) y Antonia nos contó el caso de una mujer a la que mamaba la culebra. También salió el tema de una creencia que ahora se está extendiendo: la de que, cuando pasa el afilador, se muere alguna persona.

Con los cuentos, llegó la emoción de escuchar el de “La Desgracia y la Fortuna” con las mismas palabras que lo contó Juan Álvarez, en Valdetorres, hace veintidós años… Después Eloy nos conto una preciosa versión del cuento del arriero que se comió dos huevos en una posada, no los pagó y, al cabo de dos años, tuvo que afrontar el juicio.

Y, al final, el propio Eloy, nos recitó una hermosa oración, de “Santa Catalina”. Eloy estaba orgulloso; esa oración se la enseñó su abuela, y ahora, a sus 73 años, ha conseguido recordarla y escribirla ya casi completa (En la ciudad de Carmona / y en el reino de Navarra, / había una doncellita / que Catalina se llama…). Fue un colofón precioso, porque este es el mundo de la tradición oral, de estos materiales que estarán en nuestro recuerdo toda la vida.

Cuando nos alejamos de Valdetorres, atravesamos el badén del Guadiana y seguimos las curvas del camino de Confederación que corre paralelo a una acequia, camino de Yelbes.

lunes, 25 de octubre de 2010

De regreso a Don Álvaro









DON ÁLVARO

Camino de Don Álvaro, el lunes 18 de octubre de 2010, recorrí las Vegas Altas. Paré en el pequeño poblado del Castillo de la Encomienda. Eché unas fotos, pero no encontré a nadie en la calle que me pudiera contar algunas cosas del poblado, así que seguí mi camino. Aún algunas cosechadoras recolectaban el arroz. Cerca de Don Álvaro, el color oscuro de la tierra removida me recordó que, a la vez, también era tiempo de sementera.

Desde que estuve en Don Álvaro en la Campaña pasada, me encuentro allí como en mi casa. Saludé a todos: Visi, Brígida, Juan… Hasta Daniel, nuestro laborioso coordinador, estaba por allí. Todos echaron de menos a Jacinta, pero en esta ocasión no me pudo acompañar.

Ya en la charla, aprovechamos para hacer un breve repaso a lo que es la tradición oral. Me centré en algunos aspectos particulares, como los dictados tópicos, conmemorando el centenario del nacimiento de don Antonio Rodríguez Moñino.

No faltaron algunos acertijos y algunos trabalenguas, que me vendrán muy bien para futuros trabajos: “Perejil de la perejilería” (Paqui Barrero), “Con un vaso de agua fría me descorazonaría yo” (Inés Montero), “Un clavo en la calva de un calvo se clavó” (Visi Paredes)...

Un hermoso ejemplo de lo que es la tradición oral nos lo proporcionó Jerónima: aunque apenas conoció a su abuelo, sí recordaba un dicho que solía decir: “En casa de naide, que no entre naide, porque no sabe naide cómo está naide”

Tampoco faltó el tema de las supersticiones: la curación de las verrugas (con hojas de olivo), el emparcho de los niños (como se curaba espurreando aguardiente, algunas “curanderas” acababan algo alegres)…

Pero, especialmente aprovechamos para hacer un recorrido por los recopiladores extremeños de cuentos: Gonzalo de Correas (una señora, cuyo nombre no grabé, recordaba el cuento del zurrón: “Canta, niño, canta, que si no, te doy con la palanca”), Matías Ramón Martínez (A Isabel le hizo ilusión recordar el de “Mariquita y Periquito”, porque se lo contaba su madre de chica: “No me quedé con él, ¡y tenía una gana yo de oírlo…!), Curiel Merchán, Rafael García-Plata (otra señora nos contó una versión cuyo protagonista era la imagen de san Bernabé bendito: “Dichoso san Bernabé, / criao en mi rabanal, / los milagros que tú hagas / que me los cuelguen aquí atrás”)...

Paqui nos contó el cuento del que fue al médico, porque comía jabas por la mañana, a mediodía y por la tarde; Visitación nos contó un cuento de tontos, de un pastor que quería echarse novia y le llevó unas migas en los jarapales de la camisa…

Después Brígida nos agasajó con un café y dulces, y, como es lógico, aprovechamos el rato para grabar más cuentos. Juan nos contó varios casos verídicos de algunos bebedores de vino, Inés Montero nos contó el de “Los dos pastores y las migas”, el de “El garabacho en el gazpacho”, y una preciosa versión del cuento de la señora y del médico, del que ya hace medio siglo nos dejó una versión Moisés Marcos de Sande, en Garrovillas de Alconétar. En la versión de Inés, la mujer va al médico y le dice:

“–Pos mire usté, que he comido unos pínguilis pínguilis, que no me asentaron en el kirieleison, me temblaron las columnas y caí al…” (no se oye)

Como el médico no entendía nada, dice la criada:

“–Pues mire, doctor, mi señora que se ha comido unas jabas jabotas, que no le sentaron en la barrigota, y le temblaron las patorras y cayó a tierra como una machorra.”

Finalmente nos despedimos de todos los ajumaos, con la certeza de volvernos a ver pronto, en diciembre, en el cierre de esta magnífica III Campaña de Animación a la Lectura y Escritura.



jueves, 7 de octubre de 2010

Una tarde en Valverde de Mérida





Por Juan Rodríguez Pastor


El lunes 4 de octubre de 2010 llegué a Valverde de Mérida tras recorrer las Vegas Altas del Guadiana, donde ya las máquinas cosechaban el arroz y el maíz.

Como era temprano, di una vuelta por el pueblo. La iglesia de Santa Marina es de grandes proporciones. En uno de sus costados una placa y una corona recordaban antiguas hazañas de dos valverdeños que defendieron tierras canarias de los barcos ingleses.

El bar de Guille estaba cerrado, así que tomé un café en el Mirador, en la plaza, mientras algunos hombres jugaban al parchís.

La Casa de la Cultura de Valverde es amplia, con una agradable biblioteca, llena de ventanales que la inundan de luz. La bibliotecaria, Rosi, nos atendió amablemente. Al rato fueron llegando las mujeres, una docena, y juntos iniciamos nuestro recorrido por la tradición oral.

Me encanta ver la sorpresa de la gente al descubrir que casi todo lo que comentamos les suena y lo van recordando. Enseguida fuimos desgranando anécdotas antiguas de cuando la gente de nuestros pueblos era tan cerrada en el habla, en las costumbres…

Luego dimos un repaso a los dictados tópicos de los pueblos vecinos. En Valverde llaman cucos a los de San Pedro, ajumaos a los de Don Álvaro, galápagos a los de Villagonzalo, piporros a los de Guareña (aunque los de Guareña no lo saben)…

Después, recordamos que en Valverde a los suegros se les solía llamar tíos, y así lo sigue haciendo la gente mayor: tía Antonio, tía María…

No faltaron las rimas infantiles, las canciones, los juegos (aprendí que el juego de la rayuela se llama el cala en Valverde), acertijos (Redondo como un queso y chilla como un conejo: la polea para sacar agua del pozo), costumbres (tirar tiestos y zumerios a las casas), supersticiones (curar el emparcho a los niños espurreando un buche de aguardiente sobre su barriguita), etc.

Rosi Barroso nos sorprendió con este trabalenguas:

¿Cómo quieres que te quiera,

si el que quiero que me quiera

no me quiere como quiero que me quiera?

Si el que quiero que me quiera

no me quiere como quiero que me quiera,

¿cómo quieres que te quiera?

Josefa nos rezó la oración de san Antonio, aunque no recordaba el final. Pero entre su hija y ella sí nos contaron otra oración, para las tormentas:

A san José bendito

se le perdió el bastón;

la Virgen María

se lo encontró.

–¿Dónde vas, José?

–A quitar estas tormentas tan bravas

que van por los cielos,

a quitarlas y a ponerlas

donde no haya era ni vereda

ni flor de tomillo

ni canten los gallos

ni lloren los niños.

Al final, como siempre, nos reímos con los cuentos y la tarde se nos hizo corta.

A las ocho, mientras dejaba atrás el pueblo, algunos valverdeños paseaban con mucho sosiego por el camino del cementerio, acompañados por el último sol de una hermosa tarde otoñal.

viernes, 1 de octubre de 2010

Caminos de tinta y Papel en Llerena





LLERENA

El lunes 27 de septiembre de 2010 llegué pronto a Llerena. Paré en la Plaza Arturo Gazul y pregunté por la Biblioteca del mismo nombre. No estaba muy lejos, pero con el coche hay que dar algún rodeo. Llerena es una ciudad bonita, con calles estrechas y muchos edificios monumentales. Pasé dos veces por su preciosa plaza hasta dar con la calle Santiago.

La Biblioteca “Arturo Gazul”, antiguo convento de las “Hermanitas”, ya destaca desde el exterior; pero, por dentro, impresiona. ¡Qué bien se ha integrado la biblioteca en la iglesia!

En la Campaña solemos recalar en pequeñas bibliotecas y agencias de lectura, y nos sentamos alrededor de algunas mesas, creando un espacio cercano. Pero aquí todo el amplio espacio de la biblioteca estaba lleno de sillas, casi medio centenar. No creí que fuera a llenarse, pero, cuando volví, tras tomar un café, me llevé la agradable sorpresa de que poco a poco se habían ido ocupando los asientos con gente mayor y gente joven, hombres y mujeres.

Entre el público me encontré con mi amigo Román, con quien compartí trabajo un par de cursos en el Instituto de Herrera del Duque. Le pedí que echara algunas fotografías, ya que Jacinta no pudo acompañarme en esta ocasión.

Carlos, el concejal, tuvo la amabilidad de presentar el acto y de quedarse a escuchar toda la charla.

Por su parte, Curro, el bibliotecario, hizo una presentación que me dejó sorprendido. Después le pregunté que cómo sabía tantas cosas y me contestó que “bicheando” por los libros y por internet.

La distancia que separaba mi mesa de los asientes se acortó en cuanto comenzamos a desgranar, con ejemplos, lo que significa la tradición oral. En algunos momentos, los asistentes participaron con sus respuestas (que no pude grabar bien, por la distancia), con sus risas…

Por mi parte, había preparado un par de sorpresas. Estando en Llerena, era obligatorio hablar de doña Cipriana Álvarez, abuela de los poetas Machado. Esta mujer pasó en Llerena algunos temporadas, en 1883, 1884…, porque aquí vivía su hermana. Y en Llerena recogió más de 50 cuentos, aunque solo han llegado a nosotros algunos. Por supuesto, conté uno muy bonito, el de “Las cinco demandas”. Doña Cipriana también fue la fundadora, junto a Felipe Muriel, de la sociedad “El Folklore de Llerena”.

La segunda sorpresa se refería al escritor llerenense Arturo Gazul, quien da nombre a esta hermosa biblioteca. Conté algunas cosas inéditas de este escritor, porque en 1945 recogió materiales del folklore de Llerena para su amiga Isabel Gallardo. Así que aproveché para leer algunos fragmentos de este trabajo.

Cuando nos alejamos de Llerena, los últimos rayos de sol hacían resaltar sus magníficas torres.

jueves, 16 de septiembre de 2010

La tradición oral en Canal Extremadura Radio


“CAMINOS DE TINTA Y PAPEL”,

LA TRADICIÓN ORAL EN CANAL EXTREMADURA RADIO

A finales del pasado mes de junio tuve una pequeña sorpresa. Desde el magacín de Canal Extremadura Radio, “El sol sale por el oeste”, me llamó Ana Grajera. Había tenido la feliz idea (algún día le preguntaré cómo surgió) de impulsar en su programa, durante el verano, un espacio sobre los cuentos extremeños.

Se trataba de ponernos en comunicación con alguna persona mayor que pudiera, a través de la radio, contar algún cuento y compartir sus recuerdos con los oyentes.

Acepté la propuesta sin dudarlo; pero, además, desde el primer momento tuve claro que nuestros invitados tenían que salir de los participantes en las campañas de “Caminos de Tinta y Papel”.

A través del blog que ha ido preparando Daniel, nuestro laborioso coordinador, comprobaréis que, en cada localidad por donde pasa la campaña, muchas personas participan en las charlas de tradición oral con sus recuerdos y sus historias; pero, además, en casi todos los pueblos, veréis que surge alguna “joya”; es decir, alguna persona que ha mamado la tradición oral de tal manera que la llevará consigo para siempre.

Hubo que pedir ayuda a las bibliotecarias de cada pueblo y al propio Daniel, para encontrar algunos teléfonos; pero finalmente conseguimos que todos los martes de este verano, de 11 a 11,30, algún participante en las campañas colaborara en el programa de radio. Y para que conste, he aquí la lista de nuestras colaboradoras radiofónicas:

Carmen Moreno. A su pueblo, Retamal de Llerena, llegó en mayo del 2009 la segunda campaña. Pues bien, el 6 de julio nos contó el trabalenguas de “La zorra y los zorrinos”, el cuento de “Borrego borregote”, la oración de san Antonio y la de los perros rabiosos.

Nieves Fernández, de Atalaya. La conocimos en abril de este año, en la tercera campaña. El 20 de julio nos contó el cuento de “San Cristobita” y el romance de “La loba parda”.

Emilia Cortés. Su pueblo, Gargáligas, fue el primero de la primera campaña, en mayo del 2008. El 27 de julio nos contó los comienzos de su pueblo de colonización. También nos contó cómo fue actriz infantil en un documental que rodaron unos productores alemanes. Luego nos contó una canción sobre una novia con muchos defectos y el cuento de “¡Ay, mamaíta, ita!”, con el que asusta, de broma, a su nieta Lidia.

Pura Gómez. La campaña llegó a su pueblo, Táliga, en mayo de este año. El 3 de agosto nos contó los cuentos de “La hormiguita” y de “La cabra Mochuela”; y, a la semana siguiente, la curiosa historia de una mujer de la que mamaba una culebra en la finca el Mantillón, y la forma en que se curan los “torcíos”.

Brígida Guerrero. Estuvimos en su pueblo, Bodonal de la Sierra, en la segunda campaña, en octubre de 2009. El 17 de agosto nos contó dos cuentos, uno de miedo, “La asadura”, y el de “Los tres anillitos de oro”. Después, el 31 de agosto, nos contó otro cuento, “El tragaluz” (¿Caigo?) y varios acertijos, como: Al pasar por un puente, vi un muerto que llevaba un vivo (un burro muerto flotaba sobre las aguas de un río y llevaba un cuervo sobre él).

Visitación Paredes. La segunda campaña llegó a su pueblo, Don Álvaro, en noviembre del 2009. El 24 de agosto nos contó el cuento de “Mariquilla, la Nostrum” y un poema que había escrito a su vecino Gabriel. De este poema, escrito en habla extremeña, elaboraron en la radio una preciosa cuña, a ritmo de “rap”. Luego, el 7 de septiembre nos contó cosas de su infancia en un molino y nos recitó otro poema dedicado a Extremadura.

Y así, con el final del verano, se terminó nuestra aventura. Ha sido muy gratificante y, desde aquí quiero dar las gracias a nuestras fieles colaboradoras. Sus cuentos pervivirán ya para siempre en los archivos de nuestra radio. Vayan también las gracias para Ana Grajera y Antonio León, que llevan el programa “El sol sale por el oeste” y han sido los culpables de todo este jaleo.

Al terminar, Ana me mandó un mensaje: No te imaginas la de llamadas, mensajes y comentarios que ha generado tu sección. Ha encandilado a mayores y pequeños. Ha sido una experiencia muy bonita. Seguimos al habla.

Efectivamente ha sido una experiencia bonita, pero aún más ha sido ver la ilusión y el desparpajo con que se movían en las ondas nuestras narradoras de cuentos, a pesar de que alguna, como Nieves, con sus 78 años, reconocía: Pues es la primera vez que hablo yo así en la radio.

Juan Rodríguez Pastor, 15 de septiembre de 2010

jueves, 10 de junio de 2010

Una tarde en Feria, por Juan Rodríguez Pastor




UNA TARDE EN FERIA.
Por Juan Rodríguez Pastor

El lunes 7 de junio llegamos pronto a Feria y paramos ante su imponente iglesia de san Bartolomé. Como era temprano, dimos una vuelta. Apreciamos los soportales de ladrillo del Ayuntamiento y, sobre todo, los balcones adornados con macetas de geranios. No pudimos ver el Museo de las Cruces, porque cierra los lunes.

La biblioteca, recién inaugurada, resulta un espacio muy agradable. Lo reducido del grupo, una decena de coritas, facilitó la participación. Así, nada más empezar, Isabel nos contó un romance de ciego en el que un malvado padre quiso abusar de su hija detrás de una cruz.

No faltó el tema gastronómico y Manuela, ayudada por las demás, nos explicó un plato típico, la boronía, confeccionado con tomates y huevos batidos. Sobre este plato, Felisa nos contó una anécdota:

–Aquí había uno que ya estaba cansao de tanta boronía, porque tos los días la madre le ponía boronía, tos los días boronía; y ya le dice a la madre: “¡Madre, échale algún día tropezones!, ¿no?”

Palabras como boronía, piñonate, jerrete, bujarda… nos hacen sentirnos unidos a nuestros pueblos y a nuestras gentes. Escritores como Unamuno gustaron de estas palabras tradicionales conservadas en los pueblos.

Tampoco faltaron los dictados tópicos, que transmiten unas ideas, a veces negativas, de los pueblos vecinos: De la Fuente ni burro ni gente, y si es menester ni mujer, y si me apuras ni cura. Claro que también los hay positivos: La mujer de Feria y el hombre de donde quiera.

Tuvimos que reírnos al recordar que las coritas iban al cercano pueblo de La Parra, a la fiesta de san Blas, y movían la imagen del santo para que les saliera novio. Solían decir a las mujeres de allí: Parreñas, patas de leña. Y las parreñas les decían: Coritas, patas de guita.

Nuevamente nos sorprendió comprobar la pervivencia de la tradición oral. Consoli nos contó que todos los días juega con sus hijos, de 7 y 11 años, al juego de Pipirigaña, jugaremos a cabaña…

Basi e Isabel María nos cantaron unos preciosos romances (¿De dónde ha venido usted? / De la guerra, señorita, / ¿qué se le ha perdido a usted?) y algunos juegos infantiles (Al botellito, pi…; Capitán general, que vivís sin ella…; Yo tengo un castillo, matarile…) Este último juego se usaba para formar parejas entre los niños. Y Felisa puso la puntilla:

–No te sentaba bien que te casaran con quien fuera; a lo mejor te casaban con el más desgraciao del pueblo. Cuando te decían el bueno, era cuando más alegre te ponías.

Tampoco faltaron los acertijos y los trabalenguas. Basi nos contó uno muy complicado: El cielo está emperejilacristalizado… Isabel M.ª nos contó el juego de “los nenes”, que se hacía con las pegatinas de los ovillos, y nos recitó la oración de san Antonio para encontrar objetos perdidos (Beato Antonio, que al monte subistes…). Basi recordó el miedo que pasaba de niña con un “monstruo imaginativo” llamado la Media Fortuna. Y Anita nos contó como verídico el caso de la culebra que mamaba a una mujer, en una casa del pueblo.

Cuando terminamos, eran casi las ocho de la tarde y, en la iglesia, iban a rezar la novena al Sagrado Corazón. Basi nos hizo de guía y nos enseñó la portada con los signos del zodíaco, los hermosos y antiguos retablos, las imágenes del Cristo, de la Candelaria… Nos animó a que fuéramos en mayo a ver su fiesta de la Cruz y, especialmente, “La Entrega”.

Y es que si hay algo que vamos descubriendo en cada pueblo es que lo mejor, sin duda, son sus gentes.